La presencia de la sabina está muy ligada a la geología kárstica. Las sabinas se asientan sobre los suelos pedregosos de una meseta caliza de unos 200 metros de espesor, basculada ligeramente hacia el sur, con escaso relieve. Su red de drenaje superficial está poco desarrollada debido a sus características kársticas que han conferido al páramo una red de drenaje interior que desaloja el agua de lluvia infiltrada en puntos del extremo del páramo tales como La Fuentona o Fuentetoba. En nuestra área geográfica, con unas precipitaciones mas bien propias de climatologías secas, las condiciones de sequedad se ven acentuadas por la infiltración del sistema kárstico, de tal manera que las raíces de las sabinas y otras plantas fijadas al páramo, disponen de un agua en superficie que rápidamente se aleja de su alcance dirigiéndose hacia el sistema de drenaje subterráneo.
Estructura
Su dispersión se debe a la pobreza de los suelos y a la compacidad de las calizas que frecuenta, las cuales son incapaces de generar suelo profundo en las duras condiciones climáticas de continentalidad extrema. Por tanto, la sabina necesita explorar una superficie de terreno suficiente para extraer los nutrientes necesarios para su vida.