La sabina albar es una especie muy antigua poco adaptada a la coyuntura climática actual, de crecimiento lento y de difícil germinación, por lo que se encuentra en situación desfavorable ante la presencia de encinas y quejigos con crecimientos más rápidos y con mayor facilidad para instalarse en suelos más profundos y frescos. No crece bien bajo la sombra de otros árboles (al contrario del caso de encinas y quejigos) y sus frutos han de pasar por el tubo digestivo del ganado o de aves para quedar liberadas sus semillas de la cubierta carnosa que inhibe su germinación. Únicamente se encuentra libre de sus competidores más directos en los páramos de mayor altitud, mayor contraste térmico y elevada pedregosidad, lejos de las laderas resguardadas y fondos de valles y cañones.