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VÍDEOS

Tradiciones

Cada año, un calendario lúdico vuelve a poner de manifiesto raíces y memoria. Ya hemos mencionado la intensa superposición cultural de esta tierra fronteriza. Arquitectura y patrimonio así lo han demostrado. Queda -cómo olvidar la expresión colectiva del ritual y la costumbre-, hablar de las fiestas que salpican el territorio cidiano por los cuatro costados. En ellas, una mezcla de celebración pagana y fervor religioso convive sin fisuras en romerías y ritos profanos.

A los días saltará la Celtiberia. Lo hará insertada en hogueras en la noche de San Juan -ese instante mágico en el que amanece el verano con un sol que "danza"-; saltará las fogatas que Tiermes prende en los plenilunios estivales, mientras bebe orumiel y se empapa de luna y ancestros... Y se mantendrán las lumbres para hacer chocolate o chuletas con sarmiento y vino a las puertas de las bodegas de la Ribera del Duero.

Los pueblos honrarán a sus patronos. Algunos lo harán fusionando procesiones y desfiles religiosos con celebraciones anteriores, que la Iglesia decidió absorber para no luchar contra ellas.

A primeros de mayo, San Esteban de Gormaz agradecerá a la Virgen de Nuestra Señora del Rivero y al Santo Cristo de la Buena Dicha las lluvias que hicieron crecer la anterior cosecha. En septiembre, las peñas se vestirán de colores y habrá fuegos, toros y caldereta. También una Salve emotiva y un despliegue de verbenas con alevosía de nocturnidad y diversión.

Por su parte, El Burgo de Osma ejecutará el Baile de La Rueda a mediados del mes de agosto, en unas fiestas en honor a la Virgen del Espino y San Roque en las que verbenas y fuegos se sumarán a las populares corridas de toros.

En las antípodas de esta celebración estival de peñas, charangas y pasodobles tocados por la Banda Municipal de Música, la Semana Santa cobrará en la villa episcopal ecos de religiosidad sobria y castellana.

Perfecto escenario para procesiones y misas, la localidad verá desfilar los Pasos de la Oración del Huerto y la Cena del Señor bajo la sombra alargada de la Catedral, acompañados por la música religiosa, uno de los ejes fundamentales de la Pasión burgense. Misas, conciertos, obras polifónicas... aportarán sus notas a esta Semana Santa que recordará especialmente al músico soriano Francisco Soto de Langa, una de las principales figuras del género religioso llamado Oratorio.

En invierno, la villa se viste de fiesta, esta vez de la mano de un famoso restaurante: desde hace más de un cuarto de siglo, las Jornadas Rito-Gastronómicas de la Matanza llenan los fines de semana de febrero y marzo de tradición y buen yantar, poniendo sobre la mesa una primera figura de la despensa soriana. Y es que mucho ha de agradecerle esta provincia a San Martín, que desde antaño llena sus pueblos de fiesta y sus alacenas de olores y sabores. No en vano se cuenta en esta tierra que conserva abundantes matanzas populares que “de aves de corral el cerdo y de la pesca el cochino”, se apunta que “del cerdo hasta los andares” y se asegura que “tres días hay en el año que relumbran más que el sol, matanzas, esquileos y el día de La Asunción”.

Por su parte, Langa de Duero recupera nostalgias en días de vino y fiesta. Desde hace unos años, el pueblo vitivinícola revive octubres de carros, botas, lavados de cara a las mozas, pisado y mostillo. El decorado: los viñedos de los campos y una casa-lagar rehabilitada por un pueblo que el Viernes Santo vivirá otra jornada bien distinta: la puesta en escena de la Pasión (y llegados a este punto, señalar la representación de Retortillo de Soria y en especial la de la pequeña localidad de Alcoba de la Torre, donde los vecinos ponen en escena una Pasión de Cristo que aquí se llama La Carrera y que a la luz de las antorchas congrega a multitud de visitantes junto a los restos de una antigua fortaleza).

Pero antes, y para desquitarse las gentes del ayuno que nos trae la Cuaresma, habrá estallado Don Carnal, la mascarada profana que empezará con un Jueves Lardero de "pan, chorizo y huevo" en el que, cómo no en esta tierra de buen yantar, se merendará en los pueblos y también -eso también- se beberá el vino rojo y luminoso de la Ribera del Duero.

Abundantes en celebraciones, las Tierras Sorianas del Cid viven cada año un variado calendario profano y religioso. Por toda la zona, una procesión de romerías hilvana los meses, dando a los pueblos la perfecta excusa para juntarse en torno a las ermitas y las tradiciones. El 24 de agosto, San Bartolomé reúne a las localidades que forman parte del Cañón del Río Lobos, en una de las romerías más conocidas de toda la provincia. Por las diferentes entradas del desfiladero, las gentes descienden hasta la ermita templaria, donde habrá misa, procesión, jota al santo y rogativas. Cada año, el fascinante enclave abandona por un día sus silencios, bajo la sorprendida mirada de buitres atentos a los chiringuitos, las miles de personas y el aroma a pollo guisado que la costumbre ha cocinado para la Romería de San Bartolomé.

En medio de la Sierra de Inodejo, un Santuario es el escenario de otra romería célebre. En él, donde la leyenda cuenta que la Virgen se apareció a un pastorcillo manco al que le devolvió la mano, casi una treintena de pueblos se reúne cada año para celebrar la Santísima Trinidad, en un peregrinaje de cruces y estandartes que concluye en misa, procesión, danza y promesas. Después, la talla de tejo del Siglo XIII verá desfilar a sus feligreses, quienes venerarán a esta Virgen de Inodejo o de las Tormentas que quiso quedarse en una explanada cerca del pueblo de Las Fraguas y no dejó que se levantara su templo en ningún otro lugar.

En mayo, otra romería célebre congregará en Tiermes a los pueblos de los alrededores, quienes volverán a darse cita el 12 del mes de octubre. El tercer domingo de junio le tocará el turno a la Virgen del Monte, en Caracena... Un verano, en fín, salpicado de puntos suspensivos, en los que combinar fiesta, procesión y calderetas. Multiplicada la población, la zona se llena de diversión, en una apretada agenda de actividades y verbenas. Junto a ellas, alevosía de nocturnidad y copas, los acontecimientos culturales y populares vienen a completar el panorama estival de las comarcas cidianas.

Por citar algunas, el yacimiento arqueológico de Tiermes acoge desde hace unos años una representación teatral al aire libre. A mediados de agosto, el graderío de la impresionante ciudad celtíbero-romana revive tiempos mejores mientras se llena de público, en una actividad gratuita que trae a un entorno inmejorable diferentes obras de corte clásico.

Por su parte, San Esteban de Gormaz resucitará el Medievo el último fin de semana del mismo mes, en un Mercado que devolverá a la Puerta de Castilla memorias e imágenes. Puestos, pasacalles, conciertos... convierten la villa en un escenario medieval, en el que el visitante podrá ver, comer, comprar... y más.